lunes, 10 de noviembre de 2008


Signo de paz usualmente asociado al movimiento. En su origen, es un símbolo "pro-desarme nuclear"

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HISTORIA DEL REGGAE

Es sabido por quienes nacieron y crecieron escuchando música, que el norte de la brújula de los sonidos ha sido básicamente (al menos del '50 hasta el presente): Gran Bretaña y EE. UU.

Ritmos latinos, africanos y orientales, no han tenido, dentro del mercado musical mundial, mejor lugar que el destinado al de un localismo pintoresco o al de un efecto agradable que nos regresa digerido por un halo globalizador (por llamarlo de alguna manera) de la mano de músicos "etnógrafos". Habrá quien me llame la atención sobre el origen negro del blues, jazz, rock, etc. Habrá quien marque la vigencia de los ritmos locales en los diferentes países o de esos hijos bastardos del rock y el tango, el rock y el candombe o el rock y el flamenco, etc. Sin embargo esto no pretende ser un profundo estudio sobre las corrientes musicales, que como todo fenómeno artístico esta en permanente proceso hermeneútico. La intención de éste escrito es acercarse a la historia de un caso curioso dentro de esas corrientes. Si el norte es ese bloque hegemónico configurado por los padres del rock ¿De dónde salió Jamaica?

Tres cosas pueden marcarse a favor de quienes no vean en la difusión del reggae una victoria de lo emergente. Primero, el reggae sólo dio la vuelta al mundo a partir de su difusión a través de las discográficas del "norte"; segundo, el género fue más conocido cuanto más híbrido; tercero, la lengua del reggae fue el ingles y eso facilitó su "mundialización".

Por otro lado, aunque con claras influencias externas, el reggae fue mucho más que un ritmo cansino y pegadizo, calificable o no de original. No es paradojal que los punks del norte brindaran homenaje a ese ritmo como el único aceptable después del propio. Si tenemos en cuenta algunas variables y agudizáramos el análisis, encontraríamos en el reggae las características de una práctica cultural emergente. Pero no es el caso acercarse a intelectuales como Gramsci o sus herederos de los Estudios Culturales de Birmingham para abordar los términos de hegemonía, ideología (como visión del mundo) o prácticas emergentes. Tan sólo se trata de revisar de dónde salió ese "ritmo mundial".

Para quienes se empeñan en no advertir el cruce entre cultura y política, haremos un breve recorrido por la isla de Jamaica hacia la década del '60. En 1962 la isla se independiza del Reino Unido y el rock que llegaba por la inmigración, más la sintonización de radios de la costa este norteamericana, eran la constante; de hecho músicos locales como Jackie Edwards o Laurel Aitken no se diferenciaban demasiado de los artistas continentales. Pero trabajando de manera independiente hubo quienes empezaron a engendrar un sonido particular. Cuando los '60 estaban terminando, un disco de Toots & The Maytals se tituló Do the Reggae, y esa es aparentemente la primera vez que se emplea la palabra con que se bautizaría todo producto made in Jamaica.
Es en los mediados de los sesenta donde el sello Island de Chris Blackwell adquiere renombre internacional. Pero los '70 lo colocaran bien arriba, figuras como Bob Marley y Jimmy Cliff popularizan el género más allá de la isla y zonas de influencia.
No es casual que los grupos punks más pensantes vieran en el ritmo de Jamaica un digno aliado de su ideología. Pero ¿En qué se parecía musicalmente el reggae al punk? Absolutamente en nada, pero basta tomar una estrofa al azar: "Si vos sos un árbol grande, nosotros somos el hacha pequeña, afilada para derribarte" (Small Axe. Bob Marley). Creo que con el ejemplo basta. Gente como
The Clash notó que era mucho mayor el parecido esencial entre el punk y el reggae que la aparente diferencia estructural.


Se llama Hippie a un movimiento contracultural de los años 1960, así como también a los seguidores de dicho movimiento. La palabra hippie deriva del inglés hipster que solía usarse para describir a la subcultura previa de los beatniks (no confundir con Generación Beat), que también tuvo como base importante a la ciudad estadounidense de San Francisco (California) y su distrito Haight-Ashbury. Esta nueva subcultura heredó algunos valores contraculturales de la Generación Beat y en menor grado del naturismo alemán, y en determinados casos crearon sus propias comunidades intencionales.

Escuchaban rock psicodélico y folk contestatario, abrazaban la revolución sexual y creían en el amor libre. Algunos participaron en activismo radical y en el uso de drogas como la marihuana, el LSD y otros alucinógenos con la intención de alcanzar estados alterados de conciencia, en realidad una forma de autorebelarse por la homogeneidad de conceptos que nos presenta el sistema. También buscaron formas de experiencia poco usuales, como la meditación. Debido a su rechazo al consumismo solían optar por la simplicidad voluntaria, ya sea por motivaciones hedonistas, espirituales-religiosas, artísticas, políticas, o ecologistas.

A finales de los años sesenta en EE.UU. los hippies constituyeron una corriente juvenil masificada, para después quedar pasada de moda (anticuada), pero las siguientes generaciones llamados neo-hippies mantendrían vivo al movimiento como una subcultura establecida en muchas formas y con nuevas generaciones hasta hoy. Así pues han emergido fenómenos como la Rainbow Family, la escena psytrance y goa trance o los deadheads y phishheads. En tanto pequeños enclaves de hippies originales y neo-hippies continúan desarrollando en parte este estilo de vida, aunque con algunas modificaciones, bien en la ciudad o en el campo.

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